Toluca, Estado de México, 11 de febrero de 2026. — En el salón de sesiones del Congreso mexiquense, donde el murmullo previo cede ante el llamado al orden y la formalidad institucional marca el ritmo del debate, el diputado Osvaldo Cortés Contreras tomó la palabra.
Pero en política, tomar la palabra nunca es un acto menor: es asumir el peso de representar, interpretar y responder ante la ciudadanía. Durante su intervención, el legislador enfatizó que cada decisión tomada desde el pleno —ya sea la aprobación de un presupuesto, la modificación de una ley o la creación de un programa público— tiene repercusiones reales y tangibles.
Recordó que detrás de cada votación existen comunidades que esperan soluciones concretas a problemas cotidianos como el acceso al agua, la seguridad o los servicios básicos. En ese sentido, planteó que la función legislativa exige no solo técnica jurídica, sino sensibilidad social.
El Congreso, expuso, debe ser un espacio donde las diferencias se transformen en acuerdos que mejoren la calidad de vida de la población. La tribuna representa, añadió, un compromiso con la transparencia y la rendición de cuentas.
Cada postura fijada no solo queda asentada en actas oficiales, sino en la memoria pública, donde la ciudadanía evalúa la congruencia entre discurso y acción. Así, la sesión de este 11 de febrero fue más que un acto protocolario: fue una escena del ejercicio democrático en el que la palabra antecede a la ley y cada voto puede cambiar realidades concretas en el Estado de México.



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