En los juegos magisteriales del SMSEM, la competencia se convierte en un acto de identidad, memoria y fraternidad docente

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Toluca, Estado de México, 22 de marzo de 2026. — En un tiempo donde la prisa suele diluir los vínculos colectivos, el magisterio mexiquense se detiene —aunque sea por un momento— para recordarse a sí mismo quién es. No lo hace en el aula, sino en la cancha, en el escenario, en el encuentro con el otro.

La fase estatal de los XLVIII Juegos Magisteriales no es únicamente una competencia: es un ritual contemporáneo donde miles de maestras y maestros, provenientes de las 14 regiones sindicales, convergen no para derrotarse, sino para reconocerse en el esfuerzo compartido.

Juegos Magisteriales del SMSEM.

Desde la Plaza de la Unidad Sindical, donde inició esta etapa, el simbolismo fue claro: el desfile de delegaciones, la música marcial, el encendido del pebetero. Cada gesto evocó algo más profundo que el protocolo; habló de continuidad, de pertenencia, de una historia que no se interrumpe, sino que se hereda.

Durante dos días, en múltiples sedes del Valle de Toluca, las disciplinas culturales y deportivas se desarrollaron bajo una lógica distinta a la del triunfo individual. Aquí, competir es una forma de dialogar; ganar, apenas una circunstancia. Lo esencial permanece en la experiencia compartida: el respeto, la fraternidad, la conciencia de formar parte de algo mayor.

Incluso los elementos ceremoniales —como la exhibición del juego de pelota prehispánico— recordaron que toda competencia tiene raíces más antiguas: aquellas donde el juego no separaba, sino que unía a la comunidad en torno a un significado común.

En ese sentido, estos juegos no solo celebran habilidades o talentos, sino la posibilidad de que el magisterio se mire a sí mismo fuera de la rutina, reafirmando su papel como constructor de tejido social.

Bajo el lema “Centenario de la Fraternidad y Unidad Sindical”, esta edición no solo mira al pasado, sino que interpela al presente: ¿qué significa hoy ser parte de un gremio?, ¿cómo se construye comunidad en tiempos fragmentados?

Quizá la respuesta está en estos encuentros. En la idea de que, más allá de aulas y responsabilidades, existe un espacio donde el magisterio no enseña ni evalúa, sino simplemente comparte, convive y se reconoce.

Porque al final, en estos juegos, la verdadera victoria no se mide en medallas, sino en la capacidad de seguir caminando juntos.


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