Toluca, Estado de México a 12 de Abril 2026. – En un tiempo donde la educación no solo transmite conocimiento, sino que también resguarda la dignidad humana, el Sindicato de Maestros al Servicio del Estado de México (SMSEM) apostó por fortalecer una de las tareas más sensibles del magisterio: acompañar, escuchar y proteger.
Desde Toluca, este esfuerzo tomó forma en el curso “Atención de Primer Contacto”, un espacio donde maestras y maestros de las 36 escuelas normales del subsistema estatal no solo adquirieron herramientas técnicas, sino también una conciencia más profunda sobre su papel frente a la violencia de género. Porque educar, en su sentido más amplio, implica también intervenir cuando la integridad de una persona está en riesgo.
Durante la clausura, Jenaro Martínez Reyes y Raymundo Sánchez Zavala entregaron constancias a quienes ahora asumen la responsabilidad de ser el primer refugio institucional para estudiantes que enfrentan situaciones de violencia, acoso u hostigamiento. En ese acto simbólico, se reconoció que la enseñanza no se limita al aula: se extiende al cuidado del otro.
Martínez Reyes destacó que la coordinación entre instituciones no es un simple acuerdo administrativo, sino una construcción ética que busca una transformación social real: una donde vivir sin violencia no sea aspiración, sino condición cotidiana. Por su parte, Sánchez Zavala subrayó que la educación y la justicia comparten una raíz común: la defensa de la dignidad humana.
El curso, desarrollado de manera presencial en el Auditorio “Forjadores de la Unidad Sindical”, integró la participación de diversas áreas enfocadas en la equidad de género. Ahí, la teoría se encontró con la práctica, y el protocolo se volvió compromiso.
La “atención de primer contacto” es, en esencia, un acto de humanidad inmediata: escuchar sin juzgar, acompañar sin invadir, orientar sin imponer. Es reconocer que, en momentos de vulnerabilidad, una palabra oportuna puede marcar la diferencia entre el silencio y la esperanza.
Así, el magisterio mexiquense se redefine no solo como transmisor de saberes, sino como un agente activo en la construcción de espacios seguros. Porque educar, al final, también es aprender a cuidar.



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