Redacción.
Toluca, Estado de México, 6 de Noviembre de 2026.— La inteligencia artificial representa una oportunidad para ampliar el acceso al conocimiento, la educación y la salud; sin embargo, su avance también obliga a reflexionar sobre los riesgos que implica para la privacidad y los derechos de niñas, niños y adolescentes. Frente a este escenario, la protección de la infancia no debe entenderse únicamente como una tarea de vigilancia o restricción, sino como un proceso de formación que les permita desenvolverse con libertad y seguridad en el entorno digital.
Así lo planteó Vicente Cabedo Mallol, profesor titular de Derecho Constitucional y director de la Cátedra de Infancia y Adolescencia de la Universidad Politécnica de Valencia, durante la conferencia “La IA y los derechos de la infancia y la adolescencia: oportunidades y riesgos”, realizada en el marco del Segundo Congreso Internacional “Infancias con Referentes de Crianza en Prisión” y el Segundo Simposium “Temáticas de Niñez y Adolescencias en Contextos de Vulnerabilidad”.
Organizados por la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx), a través de la Secretaría de Ciencia, en coordinación con el Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes (SIPINNA Nacional), el Poder Judicial del Estado de México y la Plataforma NNAPES, ambos encuentros convocaron a especialistas y representantes institucionales para analizar las condiciones que enfrenta la infancia en contextos de vulnerabilidad.
Durante su intervención, Cabedo Mallol señaló que niñas, niños y adolescentes no deben ser considerados únicamente como personas que necesitan protección, sino como sujetos de derechos capaces de expresar sus opiniones y participar en las decisiones que influyen en sus vidas. Desde esta perspectiva, explicó que garantizar su bienestar implica reconocer los distintos espacios en los que se desarrollan, desde el familiar y escolar hasta el comunitario y digital.
El académico subrayó que construir entornos seguros va más allá de evitar agresiones físicas o psicológicas, pues también supone fomentar relaciones basadas en el respeto, la dignidad, la convivencia y el buen trato. Una responsabilidad que, indicó, debe compartirse entre familias, instituciones, autoridades, empresas y la propia sociedad.
Como ejemplo, expuso el trabajo de la Cátedra de Infancia y Adolescencia de la Universidad Politécnica de Valencia, que desarrolla actividades de investigación, formación y sensibilización para acercar el conocimiento universitario a las comunidades, mediante acciones dirigidas a familias, profesionales y a la población infantil y adolescente.
Al abordar los desafíos de la inteligencia artificial, advirtió que el uso de estas herramientas puede exponer a los menores a riesgos relacionados con el manejo de información personal, la pérdida de privacidad y nuevas manifestaciones de violencia en los espacios digitales.
Ante ello, sostuvo que prohibir el acceso a dispositivos, plataformas o redes sociales no constituye una solución suficiente. Por el contrario, consideró necesario impulsar una educación digital que enseñe a identificar amenazas, cuidar los datos personales y comprender las consecuencias de interactuar con estas tecnologías.
Finalmente, destacó que esta preparación también debe alcanzar a madres, padres, docentes y profesionales que acompañan el desarrollo de niñas, niños y adolescentes, pues la protección de sus derechos exige que los adultos comprendan el entorno tecnológico en el que crecen y cuenten con herramientas para orientarlos.
De esta manera, el especialista planteó que el desafío no consiste en alejar a la infancia de la tecnología, sino en construir las condiciones para que pueda aprovechar sus beneficios sin quedar expuesta a sus riesgos.



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