Toluca, Estado de México a 20 de Abril 2026.- En la vida diaria, hay señales silenciosas que revelan el estado de una sociedad: el mercado, la mesa y el transporte. Hoy, esos tres espacios hablan de una tensión creciente. La economía familiar, más que un concepto técnico, es una experiencia cotidiana que se mide en lo que alcanza —y en lo que ya no.
De acuerdo con datos del INEGI al cierre de marzo de 2026, el costo de productos esenciales ha aumentado en promedio un 75% respecto a 2018. Lo que antes representaba una compra básica de 248 pesos, hoy exige 433 pesos. No se trata solo de cifras: es la transformación de la despensa en una preocupación constante.
El incremento en alimentos fundamentales refleja esta realidad. El jitomate, por ejemplo, más que duplicó su precio; el pan, la leche y el huevo dejaron de ser productos estables para convertirse en variables inciertas. La carne, la tortilla y el frijol —símbolos de la alimentación cotidiana— también registran aumentos significativos. Así, lo esencial se encarece y lo cotidiano se vuelve cálculo.
Para una familia promedio, esta variación no es abstracta. Si antes destinaba cerca de 992 pesos mensuales en estos productos, hoy requiere más de 1,700 pesos. En ese salto no solo hay inflación, hay decisiones difíciles: ajustar porciones, cambiar hábitos o prescindir.
El impacto no se limita al hogar. Las tienditas, fondas y pequeños negocios operan en una delgada línea entre sostenerse o ceder ante los costos. Cada aumento en insumos es una encrucijada: subir precios o reducir calidad, ambas decisiones con consecuencias sociales.
A la par, el costo de moverse también ha cambiado. La gasolina, lejos de estabilizarse, muestra incrementos respecto a 2018, al igual que peajes en vías clave. Esto amplía el círculo de presión: no solo es más caro comer, también lo es trasladarse.
En este contexto, la presidenta del PRI en el Estado de México, Cristina Ruiz Sandoval, advierte que la economía doméstica enfrenta una etapa compleja. Más allá de posturas políticas, su señalamiento pone sobre la mesa una pregunta de fondo: ¿qué sucede cuando lo básico deja de ser accesible?
La respuesta no es inmediata, pero sí evidente en la vida diaria. Cuando el ingreso pierde alcance, no solo se ajustan los gastos, también se modifica la forma en que las personas habitan su realidad. Porque al final, la economía no es solo números: es la medida concreta de la dignidad cotidiana.



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