Atlacomulco, Estado de México a 23 de Abril 2026. – En el fondo, la justicia no siempre se mide en códigos ni en tribunales, sino en la tranquilidad de una puerta que puede cerrarse con certeza. Bajo esa premisa, la Jornada de Usucapión Social Itinerante para el Bienestar de las y los Mexiquenses volvió a demostrar que el derecho también puede ser una herramienta para rehacer historias.
Desde Atlacomulco, la Magistrada María Alejandra Almazán Barrera recordó que obtener certeza jurídica sobre una vivienda no es un simple trámite: es la posibilidad de arraigo, de familia y de futuro.


En representación del Presidente del Tribunal Superior de Justicia del Estado de México, Héctor Macedo García, subrayó que cada documento entregado es, en realidad, una vida que encuentra estabilidad.
El programa, que en esta ocasión otorgó 155 sentencias, impacta a familias de once municipios del norte mexiquense, donde durante años la propiedad fue más una aspiración que una garantía.
Hoy, ese anhelo se convierte en patrimonio tangible. Entre esos logros, destaca la fuerza silenciosa de 57 mujeres que consolidaron su trámite. No se trata solo de cifras, sino de historias marcadas por la persistencia: mujeres que, frente a contextos adversos, lograron asegurar un espacio propio en el mundo, demostrando que la justicia con perspectiva social también se escribe en clave de equidad.
El alcance del programa no sería posible sin la suma de voluntades. Alejandro Tenorio Esquivel, titular del IMEVIS, destacó que la coordinación entre el Poder Judicial y el gobierno estatal ha permitido reducir hasta en 90% los costos de regularización, evitando gastos que podían alcanzar los 50 mil pesos y acortando procesos que antes se prolongaban por años.
Pero más allá de las instituciones, el verdadero sentido de la usucapión social se revela en las voces de quienes la viven. Claudia Angélica Nieto Reyes, en representación de las y los beneficiarios, compartió una historia que resume el espíritu del programa: tras perder su hogar luego de un divorcio, hoy recupera junto a su hijo algo más profundo que una propiedad —la tranquilidad y la posibilidad de empezar de nuevo.
Así, la usucapión deja de ser un concepto jurídico abstracto y se convierte en un acto profundamente humano: el momento en que el derecho reconoce la historia vivida sobre un espacio y la transforma en certeza. Porque, al final, habitar un lugar con seguridad es también habitar la propia vida con dignidad.



Deja un comentario