Toluca, Estado de México, 19 de junio de 2026.– Hay causas que no se expresan con palabras, pero que se manifiestan en la mirada, en el abandono o en el silencio. Bajo esa premisa, la gobernadora Delfina Gómez Álvarez presentó las acciones “Por los que no tienen voz”, una estrategia que coloca a los animales como seres sintientes cuya existencia también exige dignidad, protección y cuidado.
La entrada en vigor de la Ley de Protección, Cuidado y Bienestar Animal del Estado de México representa algo más que un nuevo marco jurídico: es el reconocimiento de que una sociedad se mide también por la manera en que trata a quienes dependen completamente de ella.
La ley surge del diálogo y del consenso, pero también de una reflexión colectiva sobre la responsabilidad humana hacia otras formas de vida. En este contexto, la mandataria estatal puso en marcha el programa “Servidores de Corazón”, mediante el cual se busca que trabajadores del sector público adopten perros y gatos en situación de abandono, con la meta de encontrar hogar para 200 animales durante este año.
Asimismo, comenzó la campaña “Croquetmanía”, que recibirá alimento, cobijas y artículos para perros y gatos rescatados hasta el próximo 18 de julio en diversos centros de acopio instalados en dependencias estatales, parques y el Zoológico de Zacango.
Ante cientos de rescatistas, protectores de animales e influencers dedicados al bienestar animal, la gobernadora destacó que la construcción de una sociedad más justa también implica reconocer el valor de los seres que no pueden defenderse por sí mismos.
Durante el acto, Delfina Gómez recordó las acciones impulsadas por su administración, como los Centros de Bienestar Animal, las campañas contra el maltrato, las jornadas de vacunación y esterilización, así como la estrategia CERA y el programa “La Mejor Jugada es Adoptar”.
Más allá de las políticas públicas, el mensaje fue claro: proteger a los animales no es únicamente una obligación legal, sino una decisión ética. Porque en una época donde la prisa suele imponerse a la sensibilidad, escuchar a quienes no tienen voz se convierte, quizá, en una de las formas más profundas de humanidad.



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